No me gusta hacer lo que la realidad me obliga a hacer. Me molesta la posición de ser panegirista del poder. Hice una crítica al equipo del Presidente López Obrador en el sentido de pagarle un curso de hablar en público para su director de PEMEX y, bendita sorpresa, ya lo hace razonablemente bien. Lamento que mi otra única crítica relativa al pésimo manejo de la crisis de la termoeléctrica de Huexca en Morelos no haya encontrado, hasta ahora, una correcta solución. De ahí en fuera, contra toda mi intención, no me queda más que reconocer que Andrés Manuel López Obrador está gobernando este país con bordado fino y, no porque rime, con mucho tino.

A partir de la toma de posesión y aún antes se apuntaló en símbolos: el logotipo con los héroes que más respeta; la entrega de la residencia oficial de Los Pinos para el esparcimiento popular; la eliminación del Estado Mayor Presidencial, guardia pretoriana para la seguridad personal; el acto inaugural de su gobierno, después de la formalidad constitucional, en un acto masivo en la plaza del Zócalo de la Ciudad de México; la cancelación del fastuoso proyecto del aeropuerto en Texcoco; la apertura cotidiana al escrutinio de la prensa, que muchos apostaron a que no la aguantaría, que lleva cinco meses sin falta de asistencia alguna; el viajar por el país a ras de tierra o en líneas comerciales en caso de volar, junto con la puesta en venta de la onerosa flota de aviones y helicópteros a su servicio; despachar en el Palacio Nacional con agenda fija que comienza a las 06:00 con el gabinete de seguridad y a las 07: 00 con la conferencia de prensa en la que, por cierto actúa sin red de protección; gabinete con estricta paridad de género y de generaciones; y muchas otras acciones que simbolizan un verdadero cambio en la forma de gobernar, un auténtico cambio de régimen.

Ya en la acción de gobernar lo hace con la asunción de riesgos, particularmente con el combate al robo de combustibles, enfrentando poderes reales de gran capacidad de ataque y, en breve plazo, aguantando en las vencidas, logró el resultado de reducir en un 95% el delito. Toma el reto de postular un presupuesto austero, con reducción de salarios en los niveles superiores y manteniendo la estabilidad en las variables macroeconómicas, con resultados que destruyen todas las falsas amenazas de la tecnocracia incrustada en el viejo régimen; el peso se fortalece ante el dólar, la bolsa se mantiene estable y se capotean con maestría las presiones internacionales. Mantiene intocables los contratos vigentes en todas las materias con absoluto respeto al estado de derecho, independientemente de sus personales deseos. Resiste las presiones, incluso las provocaciones, y rechaza el camino de la represión. Actúa, pues, en consonancia con los postulados de la Cuarta Transformación, y logra éxito en su ejercicio.

Como joya de la corona, asume el reto de recuperar para México las industrias petrolera y eléctrica, temas favoritos de quienes se dedicaron a destruir al país y a contrapelo de la opinión de los “expertos”. Dispone una inusitada inyección de recursos públicos para aumentar la exploración y la producción de crudo; emprende la rehabilitación de las refinerías existentes que fueron abandonadas y expoliadas hasta el máximo, y toma el reto de construir una gran refinería nueva en Dos Bocas, Tabasco, con un presupuesto de 8 mmd y tres años de ejecución; convoca a cuatro empresas mundiales para su ejecución y declara desierto el concurso por no cumplir los requisitos de costo y tiempo, pero de la manga saca su plan B, que para mí que era el plan A, decide que la construcción correrá a cargo de PEMEX y la Secretaría de Energía, con el aporte de los trabajadores y los ingenieros mexicanos. ¡Anatema! Clamaron los tecnócratas y las calificadoras. A los pocos días se anuncia, con toda la resonancia que el caso ameritó, que J. P. Morgan, HSBC y Nitiko.

Securites, otorgaban un contrato por 8 mmd para refinanciar a PEMEX con ampliación de plazo y reducción de intereses; una bofetada con guante blanco a los escépticos y agoreros del desastre.

Creo que el proyecto de AMLO es precisamente asumir el reto de construir la refinería con trabajadores e ingenieros mexicanos, con tecnología del Instituto Mexicano del Petróleo, de la UNAM y el IPN, con insumos nacionales. Confirma mi suposición el hecho de que, desde hace cuatro meses, PEMEX Transformación Industrial nombró como Director de Construcción a Jorge Argániz Díaz Leal, y será el director ejecutivo del proyecto. Garantía de capacidad para hacerlo.

México, creemos en ti.

Por Gerardo Fernández Casanova, Resumen Latinoamericano, 17 de mayo de 2019.


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