Las voces izquierda y derecha se volvieron en México términos demodé . Muchos opinan que na¬da dicen, que vivimos en otro mundo. Democracia liberal o populismo, no hay más. Pero se retoman esos términos al hablar del populismo: de derecha o de izquierda, ambos irresponsables. El de derecha, vuelto al nacionalismo de élite y contra un mundo globalizado que estaba logrando superar las absurdas fron¬teras; el de izquierda, irresponsable con las finanzas públicas y con la libertad primordial: la de los mercados. Son opiniones de la derecha neoliberal mediática, tan activa en nuestros días.

El neoliberalismo típico tiene sus días contados. La derecha nacionalista que pro¬clama valores fascistas gana es¬pacios de poder en Estados Unidos (EU) y en Europa. Se trata de una derecha contra la organización del capitalismo globalizado, por su transformación sin renunciar a su hegemonía internacional. En EU se expresa claramente con un plan contra la descentralización industrial y el comercio mundial. Trump no es una anomalía desventurada. Es ejecutor de una reconfiguración de la hegemonía de un imperio que ya no puede ser superpotencia única. En Europa las derechas nacionalistas antieuropeas y racistas avanzan en Suecia, Italia, Austria, Alemania, Francia, Holanda, Noruega, Finlandia, Letonia… Avanzan contra el canon neoliberal desde el supremacismo blanco y contra la fuerza de los acuerdos internacionales. El neolibe-ralismo fue llevado al poder por grandes bases electorales hoy reorientadas hacia la nueva derecha política, pero ahora pierde legitimidad aceleradamente en el mundo.

La derecha extrema, sin embargo, no actúa en un vacío: las bases sociales, si bien debilitadas, pueden aún optar en diversos países, si la izquierda progresista halla los caminos para abrirse paso en la contienda cultural, ideológica y política. En el corto plazo es remoto en países como los enumerados, pero la disputa está abierta en EU, en Inglaterra, en España (cuarto país europeo por el tamaño de su economía). En América Latina, la reciente ola de gobiernos de derecha está lejos de haberse consolidado como un proyecto de largo plazo: la disputa política sigue abierta.

En México, debido a la Revolución Mexicana, nadie acepta ser de derecha. Aunque la derecha esté en vitrina. Más aún en el contexto de la Cuarta Transformación (4T), pese a sus límites cada vez más nítidos.

No parece fácil encontrar tendencias actuales o líneas programáticas que permitan advertir una radicalización de la 4T, un ir a las raíces de los problemas para darles salida progresista. Algunas veces AMLO ha dicho ser radical, refiriendo esa definición de radicalidad. Pero los límites actuales son claros. La 4T se mueve entre dos mundos. Hay un discurso impregnado de justicia social que cuenta con un consenso popular abrumador, de eso no hay duda. El discurso, además, está respaldado por la puesta en marcha de programas sociales para los siempre excluidos, así como por el programa contra la corrupción masivamente respaldado por las mayorías. Pero en la esfera política las cosas son diferentes. En este espacio de autonomía relativa, hay una correlación de fuerzas muy distinta a la del mundo social, y se hace sentir con todo su peso (v. gr. las reformas constitucionales).

En la esfera política no sólo están en el Congreso los partidos de la derecha, más extremista que en el pasado, también está la derecha mediática abrumadoramente contraria al gobierno de AMLO. Tanto la prensa y la tv en su vector informativo, como en el de los opinadores, propinan cada día una andanada de juicios y hasta dicterios contra el Presidente. Y más allá: según televisa.NEWS la Sociedad Interamericana de Prensa, en la reunión que acaba de celebrar en Cartagena de Indias, concluyó: la relación del gobierno con la prensa se deterioró con AMLO, no hay criterios claros en la publicidad oficial y los asesinatos de periodistas han continuado desde que López Obrador está en la Presidencia.

El gobierno dice no ser de Morena, sino de todos. Pero, entre esos todos, están grupos de la derecha (medios y empresarios), de gran poder fáctico, que están en su contra; en tanto, el amplio apoyo popular con el que cuenta el gobierno no puede operar como contrapeso de las derechas porque es pueblo no movilizado y Morena no parece estar trabajando ideológicamente para conservar y movilizar el apoyo popular. Es¬te hecho establece límites a la acción del gobierno. Otro límite se halla en la propia composición de la coalición que llevó a Morena al poder del Estado: una reunión variopinta en la que caben políticos de siempre y hasta la derecha confesional.

Finalmente, un durísimo límite es la relación con EU. Lo es en el orden político y el económico. No obstante, también es preciso ver en el actual presente internacional y su futuro previsible, un campo de posibilidades a explorar con el inevitable declive del neoliberalismo.

Por José Blanco / La Jornada, 02 de abril de 2019.


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