*Se acabaron privilegios para la prensa manipuladora mediocre

*Televisa y Tv-Azteca, entre los consentidos del PRI, están fuera

*Impulsar medios alternativos críticos, para la defensa del cambio

Escrito por Salvador González Briceño.

Quizá la mayoría de los medios de comunicación no habrían visto con malos ojos el cambio de gobierno que se dio a partir del 1 de julio de 2018, cuando los ciudadanos otorgaron el triunfo por amplia mayoría a Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la coalición “juntos haremos historia” encabezada por Morena, si no fuese porque el presidente diera por terminado el contubernio prensa-gobierno, que había sido la característica por décadas entre el PRI-gobierno y el PAN-gobierno.

Alimentada con dinero público dicha relación, a los medios de comunicación en general —particularmente los privilegiados empresarios del duopolio Televisa Tv-Azteca—, no les quedaba otro rol que ser los manipuladores de masas de los regímenes del PRI y el PAN, como lo sostiene ese viejo esquema althusseriano explicativo de los aparatos ideológicos de Estado.

De ese juego sucio —por lo demás congruente con la función mediática en el esquema capitalista de producción de plusvalía, presta al sometimiento ideológico y político de la mano de obra barata, aquí y en China— resulta que participaban tanto los medios televisivos que concentraban la mayoría del gasto del gobierno en publicidad, como los principales medios impresos y los grupos monopólicos de la radio, hasta los que se estaban inclinando por aumentar su presencia vía las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), utilizando el Internet.

En dicho reparto, uno de los análisis fue presentado hace poco, resalta una elevada concentración en unos cuantos medios televisivos, impresos y radiales. De la siguiente manera:

“De la publicidad del gobierno mexicano, que en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018) sumó 60,000 millones de pesos, unos 3,000 millones de dólares, según cifras oficiales de la Secretaría de la Función Pública (SFP). De acuerdo con el presupuesto de 2019, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador repartirá en publicidad durante su primer año unos 4,200 millones de pesos (equivalente a 222 millones de dólares), lo que permitirá a varias redacciones mantenerse a flote en un complicado momento para los medios.” (El País, edición del 3 de mayo).

Esta última cifra, sin embargo, podrá sufrir un ajuste según el último dato emitido por el vocero de la presidencia en materia de Comunicación Social, Jesús Ramírez Cuevas, el pasado 17 de abril, al señalar que la cantidad se ajustará a 5,800 millones de pesos para el primer año (equivalente a unos 306.5 millones de dólares), como límite máximo para gasto en publicidad oficial.

El diario español El País publicó el mismo día la siguiente gráfica:

 

Televisa habría recibido durante el sexenio de Peña Nieto del presupuesto público al menos 9,900 millones de pesos (unos 530 millones de dólares). En tanto el diario El Universal, que dice tener 364 mil lectores diarios en papel, con un tiraje diario de 119 mil ejemplares (sic), y unos 16 millones de usuarios únicos en Internet, fue uno de los cinco más beneficiados en 2018 al recibir 313 millones (unos 16.5 millones de dólares) en publicidad oficial, según datos de la Secretaría de la Función Pública. (Cifras de: https://tinyurl.com/y5famt4s).

Como se ve, durante el último gobierno del PRI encabezado por Enrique Peña Nieto, el favoritismo se centró en el duopolio televisivo con el mayor porcentaje (ver gráfica), lo que explica el dicho aquél del magnate en su momento, Emilio Azcárraga Milmo, cuando en 1990 se declaró “soldado del PRI” y cinco años después solo “soldado del presidente”.

Un personaje por lo demás mediocre, que —dijo— hacía televisión para los “jodidos”. Se explayó en un discurso improvisado, a la voz de los testigos, como sigue: “…En un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida (y) para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”, en referencia a una serie telenovelezca “los ricos también lloran”, palabras del 11 de febrero de 1993. (Proceso, Jenaro Villamil, 19 marzo 2013).

Es decir, una producción televisiva basura, para enajenar a los “jodidos” dentro de esa su triste realidad de la cual no van a salir; en cambio, “los ricos como yo, no somos clientes porque los ricos como yo no compran ni madres”, abundó el susodicho “Tigre”, como se le conoció al padre del actual dueño del imperio Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, el forjador ciertamente de un imperio hoy “jodido” porque se encamina al desfiladero con su producción de televisión basura.

Era hora, que con la nueva política de comunicación del gobierno del cambio —nada qué ver son el esperpento de Vicente Fox que se definió así y terminó en auténtico fiasco—, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, ningún grupo de estos oligopólico concentre más del 25 por ciento del total de la pauta publicitaria del gobierno, además que dicho presupuesto ha sido reducido al 50 por ciento del anterior sexenio.

Por esa razón están dolidos. Por ese motivo se han unido en contra de la Cuarta Transformación. Por lo mismo refunfuñan del gobierno de López Obrador. Por cuanto les ha cortado las alas. De ahí que los otrora forjadores de la llamada opinión pública, los que estaban en las filas de adelante como informadores u opinantes, ahora son férrea oposición, como dolidas fieras descubiertas en sus madrigueras colmas de embutes millonarios.

Es el caso de la siguiente lista, ya muy conocida de los que echan chispas, pero que no está de más recordar.

 

Junto a este sector de informantes asomó otro, muy cercano también al poder, presumiendo de “intelectualidad” y “crítica”. Se trata del calificado en tiempos de Vicente Fox y luego Felipe Calderón como “círculo rojo”, de esos “leidos y escribidos” que, si bien critican, mejor justifican y dejaron intactos los actos corruptos de los gobiernos prianistas.

Rondan esos grupos cercanos al poder mediático, como los que escriben en Nexos, Este País o Letras Libres, e tutti quanti. Los consentidos del poder político y al servicio tanto del priismo como del trasnochado panismo. Los “intelectuales” que opinan y siempre están atentos a la reivindicación de quienes reciben —mejor dicho, recibían— su buena paga.

Eso es lo que se les terminó ya con el gobierno “populista” de López Obrador, que abre una nueva etapa en la historia del país.

El asunto es que, frente a ese poder mediático no surge otro de momento para contrarrestar o hacer contrapeso que el de las “benditas redes sociales” que tanto alude el presidente Obrador. Un sector de las TIC, pero ni formado por periodistas ni por conocedores de los escondrijos de los opositores, como sus orígenes o filiaciones prianistas.

No solo eso, también, al no estar familiarizados con el ámbito periodístico, los voceros de las redes sociales, tampoco están preparados para la réplica o la contrarréplica, o la crítica de los hoy llamados “derechairos”, a contracorriente de los “chairos” seguidores de Obrador. Por lo anterior, sin menoscabar su rol en la defensa del proyecto obradorista de la 4T, la prensa fifí que controla la mayor parte de los medios de comunicación “tradicionales”, se sienten libres —y lo están— en tanto no existan medios alternativos. Nuevos o fortalecidos.

Y no los habrá, los medios alternativos, en tanto desde el propio Estado no se les otorguen apoyos, los necesarios y suficientes, a una parte de la prensa escrita —sobre todo— que es sobreviviente crítica del pasado reciente pero desfondada. Aquella que no existe para los canales de la televisión comercial, está muy poco presente entre la prensa escrita y mucho menos aparece en las señales de radio.

Esa que, quizá, haya sobrevivido entre las radios comunitarias y las recientemente instaladas estaciones por internet. Ni en el espectro de la televisión mexicana, ni en la prensa escrita siempre vendida, y menos en radio ha existido una programación constante y marcadamente critica del sistema prianista o del contrapoder. Nada de eso.

Pero al fortalecimiento de dichos medios de comunicación es al que debe apostar el gobierno de la 4T. Al apoyo de los medios críticos, de los que están por el cambio auténtico en este país. Porque los hay. Luego entonces, ¿por qué no convocar a profesionales del periodismo siempre marginados, pero a su vez siempre atentos apuntalar el cambio de gobierno? ¿Por qué no abrir los espectros televisivos, radiales e impresos a los siempre críticos del sistema pripanista? Seguro se les convoca y aparecen más de 100 en todo el país.

De otra manera no hay en el ambiente mediático más que de opositores al gobierno, con algunas respuestas siempre limitadas desde las mismísimas redes sociales. Solo que eso resulta insuficiente, como para consolidar a un gobierno desde la crítica constructiva; para el fortalecimiento del mismo, y no la vulgar contestataria y deshonesta respuesta de los fifí que responde con el hígado, o el interés herido por delante.

Lo anterior, incluso más allá de lo que pueda generar el propio gobierno con los medios públicos del Estado. Se trata de ese sector olvidado de la prensa crítica, que propone alternativas de solución a los problemas del país, una prensa siempre vapuleada por y desde el poder por los prianistas, a quienes nunca les agradó que la verdad sea dicha porque alcanza el calificativo de denuncia.

Porque los gobiernos emanados del PRI y el PAN actuaron siempre —y lo siguen haciendo, porque son los que le apuntan a la desestabilización del actual gobierno, a partir del descrédito masivo— en defensa propia, y en todos los casos pagaron para ser encubiertos. Como el principio de López Portillo que dijo: “No pago para que me peguen”, como si se tratara de un presidente eficiente, como el resto de los priistas.

Por eso proponemos que el actual gobierno le apueste a la creación de los otros medios, los alternativos que están también por el cambio de país; ya sea fortaleciendo los existentes críticos, ya creando nuevos, pero con las mismas posibilidades de competir en el mercado libre creado antes para los medios dominantes. ¿Por qué no mediante nuevas concesiones?

El gobierno de la 4T requiere apostarle ya no a la confrontación mediática que encabeza el propio presidente López Obrador cada mañana, con todo y su derecho a responder como lo declara abiertamente, su “derecho a la réplica”, ciertamente.

Pero se requiere respaldar la crítica constructiva desde el poder mediático mismo, porque existe la crítica destructiva, la critica soez que se ocupa de la descalificación y del engaño, ya sea aprovechando el control del medio masivo o la carencia de una respuesta articulada desde las redes sociales.

Por cierto, que a eso le seguirá apostando la elite que está en desacuerdo con el nuevo gobierno, este que le cortó los hilos comunicantes con las cuentas bancarias desde las prebendas de la publicidad estatal.

Pero cuidado, porque esos son los que luego, como opositores, se convierten en la voz de los eternos denostadores, en los desestabilizadores, en los dolidos contra el cambio, en los que luego se venden al mejor postor y no pocas veces responde a los intereses foráneos.

Como sucede en varios de los países latinoamericanos, donde luego se ejecutan los golpes de Estado orquestados desde Washington. Y con Estados Unidos de vecino puede esperarse cualquier cosa, o al menos hay que prevenirse contra lo que sea. Acostumbrados a imponer títeres a su servicio, a los gringos si no les funciona los revientan. Ejemplos en la región sobran. Por eso hay que tener cuidado con los conservadores, que están muy activos con su prensa fifí. Y son de peligro, como lo ha mostrado más de un medio ya.

Elaborado por Salvador González Briceño / mayo de 2019.


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